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Armando López llegó a los Estados Unidos en busca de una vida mejor en 1998 a la edad de 25 años. Empezó a trabajar como capataz en una compañia de construcción en Florida. En el 2001 conoció a su esposa, Megan, y crió a sus dos hijos como hijos suyos. Juntos, tienen dos más. Los compañeros de trabajo de Armando, tanto Hispánicos como no Hispánicos, lo respetan por su integridad y la calidad de su trabajo. Su supervisor dice que nunca ha faltado un solo dia al trabajo y nunca llega tarde. Después del huracán Iván, Armando voluntariamente reconstruyó las casas de sus suegros y vecinos. El continúa ayudando a la gente necesitada. En Marzo del 2006, Armando y Megan tomaron la dificil decisión de aplicar por su status legal en los Estados Unidos por medio de la Oficina de Catholic Charities (Cáritas) de Servicios para Inmigracción y Refugiados la cual les explicó el enorme riesgo del proceso. Si le era negada, Armando estaria prohibido de volver a los Estados Unidos por diez años y estaria separado de su hogar y familia. Pero Armando dijo "Yo no quiero permanecer otro dia más en este pais ilegalmente. Esta no es la persona que yo soy. Yo soy honrado y un buen trabajador. Sólo pido una oportunidad" En Enero del 2008, Armando consiguió una entrevista en la Embajada Americana de Ciudad Juarez. Se le instruyó que regresara dentro de 3 semanas a presentar una excusa por su entrada ilegal en los Estados Unidos. El expediente preparado para él tenia varias pulgadas de espezor con documentos, incluyendo cartas escritas a mano por sus hijos pidiendo clemencia. El 31 de Enero, un oficial de la embajada revisó extensivamente los documentos de Armando, y al final selló su expediente permitiéndole entrar a los Estados Unidos como un residente permanente legal. "Doscientas personas entraron a la embajada ese dia y sólo 15 salieron aprobados," dice Megan Cáritas mantiene, firmemente, que es un caso extremadamente raro y una ocurrencia muy feliz. ~ Armando Lopez entered the United States in search of a better life in 1998 at the age of 25. He later began working as a foreman for a construction company in Florida. In 2001, he met his wife, Megan, and raised her two children as his own. Together, they have two more. Armando’s co-workers, Hispanic and non-Hispanic alike, respect him for his integrity and quality work. His supervisor says that he has never missed a day of work and is never late. After Hurricane Ivan, Armando voluntarily rebuilt homes for his in-laws and neighbors. Today he continues help people in need. In March 2006, Armando and Megan made the difficult decision to apply for his legal status in the United States through Catholic Charities Office of Immigration and Refugee Services who explained the enormous risks and process. If denied, Armando would face a ten-year bar from re-entering the U.S. and separation from his family and home. But Armando said, “I do not want to remain another day in this country in illegal status. That is not who I am as a person. I am honest and hardworking. I am only asking for a chance.” In January 2008, Armando was given an appointment at the U.S. Embassy in Ciudad Juarez. He was instructed to return in three weeks to present his waiver for unlawful entry into the U.S. The file prepared for him was several inches thick with documents, including handwritten letters from his children begging for clemency. On January 31, an embassy official reviewed Armando’s documents extensively, ultimately stamping his file approving him to enter the U.S. as a legal permanent resident. “Two hundred people walked into the embassy that day, and only 15 were approved,” Megan said. Catholic Charities firmly maintains that this is an extremely rare and joyous occurrence.
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